Sacramento de curación.
Es desocupar el corazón y ya no cargar con esos pecados.
Es para arreglar y reparar lo que hemos dañado.
Es necesario ser humilde y sincero para recibirlo, no quedarnos con los pecados graves y que nos atormentan en el interior.
Son pecados graves los de omisión: cuando me he negado a amar, cuando me he negado a hacer el bien y a servir.
viernes, 16 de julio de 2010
MATRIMONIO
Es un sacramento de servicio.
Se recibe en comunidad.
El matrimonio es sacramento solo para los católicos.
El signo sacramental de Jesús en el matrimonio es el AMOR de corazón a corazón.
Jesús está entre los esposos y quiere llenarlos de amor.
Si no hay amor, no hay sacramento.
Matrimonio es una unión de amor (del amor de Dios, que bendice esa unión) entre un hombre y una mujer. Matrimonio es una vida, no una ceremonia, no un día.
El Señor lleva a los esposos a orar en pareja: los dos de acuerdo, oran, y el Señor los alimenta con su Espíritu y les da su amor y fortalece el amor matrimonial. Los matrimonios que no oran juntos, no pueden amarsen, porque no creen en Jesús.
Quien une no son los esposos (solo en la carne). El que une es Dios por medio de Jesús.
Es necesario pedir en oración que el Señor fortalezca el amor.
Casarse es meterse el uno dentro el otro. El esposo se mete hasta adentro del corazón de la esposa y la esposa se mete en el corazón del esposo, cada vez se aman más y más, no hay nadie que rompa ese amor, y no se piensa en le divorcio o la separación. El amor ha unido tanto (Dios los ha unido), que no se rompe esa unión.
El matrimonio empieza a construirse el dia en que se prometen mutuo amor y este compromiso se cumple. Empieza el hombre y responde la mujer. Los dos como una sola persona se unen con este amor.
El verdadero amor viene de Dios. El hombre y la mujer separados de Dios no pueden amarse.
El autor del matrimonio es Dios. Al no creer en Jesús, no hay amor, no hay matrimonio, rige la ley del más fuerte y no rige la ley del amor. No hay amor donde no hay fe en Jesucristo.
Cristo viene a RESTAURAR el verdadero matrimonio.
Antes de Cristo el hombre dominaba sobre la mujer, por eso había divorcio.
En el falso matrimonio, solo el hombre se casa y rechaza a su mujer. No la respeta y ella se siente menos. Uno domina al otro.
Dios une con su Espíritu de amor. Para esto, deben bautizarse el hombre y la mujer con ese espíritu. Al estar bautizados, hay capacidad para amar, son MADUROS en el amor.
Si están unidos solo por lo físico, solo por el sexo, no hay amor, solo hay instinto y placer. Esto se acaba.
El espíritu del amor es el que une a los esposos cristianos. Nosotros no unimos los corazones. El que une es el Espíritu de Jesús.
La unión libre o concubinato NO es matrimonio, es atracción física y falta de compromiso, el compromiso de AMARSEN.
Con el amor de Dios se domina el sexo, no hay abuso y se respeta al otro. El hombre respeta a la mujer y la mujer al hombre.
Se recibe en comunidad.
El matrimonio es sacramento solo para los católicos.
El signo sacramental de Jesús en el matrimonio es el AMOR de corazón a corazón.
Jesús está entre los esposos y quiere llenarlos de amor.
Si no hay amor, no hay sacramento.
Matrimonio es una unión de amor (del amor de Dios, que bendice esa unión) entre un hombre y una mujer. Matrimonio es una vida, no una ceremonia, no un día.
El Señor lleva a los esposos a orar en pareja: los dos de acuerdo, oran, y el Señor los alimenta con su Espíritu y les da su amor y fortalece el amor matrimonial. Los matrimonios que no oran juntos, no pueden amarsen, porque no creen en Jesús.
Quien une no son los esposos (solo en la carne). El que une es Dios por medio de Jesús.
Es necesario pedir en oración que el Señor fortalezca el amor.
Casarse es meterse el uno dentro el otro. El esposo se mete hasta adentro del corazón de la esposa y la esposa se mete en el corazón del esposo, cada vez se aman más y más, no hay nadie que rompa ese amor, y no se piensa en le divorcio o la separación. El amor ha unido tanto (Dios los ha unido), que no se rompe esa unión.
El matrimonio empieza a construirse el dia en que se prometen mutuo amor y este compromiso se cumple. Empieza el hombre y responde la mujer. Los dos como una sola persona se unen con este amor.
El verdadero amor viene de Dios. El hombre y la mujer separados de Dios no pueden amarse.
El autor del matrimonio es Dios. Al no creer en Jesús, no hay amor, no hay matrimonio, rige la ley del más fuerte y no rige la ley del amor. No hay amor donde no hay fe en Jesucristo.
Cristo viene a RESTAURAR el verdadero matrimonio.
Antes de Cristo el hombre dominaba sobre la mujer, por eso había divorcio.
En el falso matrimonio, solo el hombre se casa y rechaza a su mujer. No la respeta y ella se siente menos. Uno domina al otro.
Dios une con su Espíritu de amor. Para esto, deben bautizarse el hombre y la mujer con ese espíritu. Al estar bautizados, hay capacidad para amar, son MADUROS en el amor.
Si están unidos solo por lo físico, solo por el sexo, no hay amor, solo hay instinto y placer. Esto se acaba.
El espíritu del amor es el que une a los esposos cristianos. Nosotros no unimos los corazones. El que une es el Espíritu de Jesús.
La unión libre o concubinato NO es matrimonio, es atracción física y falta de compromiso, el compromiso de AMARSEN.
Con el amor de Dios se domina el sexo, no hay abuso y se respeta al otro. El hombre respeta a la mujer y la mujer al hombre.
domingo, 4 de julio de 2010
No pre-ocuparnos. Ocuparnos.
Mensaje recibido en la comunidad de matrimonios.
Reflexionemos el canto.
Falta vivir el amor.
Mira: lo que interesa es el testimonio. No a futuro ni a pasado. A presente: "he dejado entrar la Palabra y me siento mejor."
Pídele al Señor que te llene de amor, es así como vivirás mejor.
Si la Palabra entra en mí, desaparecen los problemas.
Te perdono y te amo en el nombre de Jesús.
Esta semana en el negocio solo atendí a la gente, lo único que me importó fue hacerlo con amor, no me preocupé de ganar más. Lo hago, pero no me preocupo.
Tiene que ser más profundo: háblale al Señor con sinceridad.
Si tengo enfermedad, no preocuparme de eso sino de dejarme amar del Señor.
No preocuparme de hijo rebelde. No echarle en cara las cosas. Amarlo.
Cuando uno se preocupa, se deja engañar del demonio, o se deja llevar del dios dinero.
Ser realista.
En "el mundo" actual, nadie toma en serio el amor de Dios, y hay solo problemas y quejas.
Reflexionar: si mi hijo está en la droga, es culpa mía porque no le dí el amor. Lo alcagüetié, por no aceptar a Jesús.
El que no acepta a Jesús, no puede amar, es un mentiroso.
Si tengo un problema decir: yo tengo la culpa y voy a hacer caso de la Palabra. Voy a llenarme de amor, y arreglo el problema.
Dios no nos quiere con problemas. Él nos quiere felices ahora y eternamente, porque Dios ama. Ahora. Tenemos problemas porque somos pecadores.
Tenemos espíritu, alma y cuerpo.
El espíritu es la gasolina. Es la vida. Lo que hace mover el alma.
El alma es el centro. El motor. Ahí está el problema.
El cuerpo es el chasís. Sufre las consecuencias.
Alma = corazón.
El alma o se llena del mundo o del Espíritu.
Se llena de problemas, amarguras, tristezas, o fracasos, por no alimentarla con el Amor de Dios a través de La Palabra de Dios, la oración, respondiendo a la Palabra, los sacramentos con fe en Jesús y la vida en comunidad. El alma también se llena de vacíos cuando nos dejamos guiar de cuerpo y no del Espíritu.
Por eso no amamos. Por mirar hacia el mundo.
Mirar hacia Dios. Dios es el que nos ama.
La esclavitud nos envejece. No trabajar por la comida que se acaba.
El mundo sabe a amargura.
Leer Santiago, capítulo 5. Les falta el amor a ricos ya pobres. Muchos pobres quieren ser ricos, pues nunca se sintieron amados. La felicidad del amor hace que me desprenda.
El amor por el dinero me hace acumular más y más.
Al morir, el cuerpo queda en el sepulcro. El alma sale, pero si se deseaba dinero y placeres (falsa felicidad), esa alma es eternamente desgraciada.
Hay que dejar las preocupaciones, despreocuparse sin abandonar.
Decidirnos por la verdadera felicidad.
Jeremías 17, 5 a 10.
Le damos mucha importancia a los acontecimientos. Al contar los problemas y no contar con Jesús, nos llenamos de amargura.
Dejar entrar el amor para resolver el problema con los hijos. No cantaletearlos. Abrazarlos, darles besos y bendecirlos. Lo mismo con el esposo.
Mirar y reflexionar la carta del apóstol Santiago, capítulos 3 y 4.
No enseñar a la fuerza.
Hace mucho daño la lengua.
Deben salir de mi boca bendiciones y palabras positivas. Reconocer mis pecados, juzgarme a mí mismo. Reconocer que yo tuve la culpa, porque soy pecador y no día amor. No es culpa de Dios porque Él lo hace todo bien.
No regañar, no quejarse. Reconocer que falta el amor de Dios.
El que no tiene amor tiene una viga por no entregarse a Jesús.
La gente entiende: Ley = mano dura.
No rechazar el amor de Dios.
Reconocer el error y entregarme a Jesús. Él es todo amor, Él me ama.
Cuando me siento amado puedo amar y personar.
Antes no cococíamos el amor.
Hay pecados de comisión y de omisión. Pecado de omisión es no amar. Es un pecado grave.
Creíamos que amábamos.
Reflexionemos el canto.
Falta vivir el amor.
Mira: lo que interesa es el testimonio. No a futuro ni a pasado. A presente: "he dejado entrar la Palabra y me siento mejor."
Pídele al Señor que te llene de amor, es así como vivirás mejor.
Si la Palabra entra en mí, desaparecen los problemas.
Te perdono y te amo en el nombre de Jesús.
Esta semana en el negocio solo atendí a la gente, lo único que me importó fue hacerlo con amor, no me preocupé de ganar más. Lo hago, pero no me preocupo.
Tiene que ser más profundo: háblale al Señor con sinceridad.
Si tengo enfermedad, no preocuparme de eso sino de dejarme amar del Señor.
No preocuparme de hijo rebelde. No echarle en cara las cosas. Amarlo.
Cuando uno se preocupa, se deja engañar del demonio, o se deja llevar del dios dinero.
Ser realista.
En "el mundo" actual, nadie toma en serio el amor de Dios, y hay solo problemas y quejas.
Reflexionar: si mi hijo está en la droga, es culpa mía porque no le dí el amor. Lo alcagüetié, por no aceptar a Jesús.
El que no acepta a Jesús, no puede amar, es un mentiroso.
Si tengo un problema decir: yo tengo la culpa y voy a hacer caso de la Palabra. Voy a llenarme de amor, y arreglo el problema.
Dios no nos quiere con problemas. Él nos quiere felices ahora y eternamente, porque Dios ama. Ahora. Tenemos problemas porque somos pecadores.
Tenemos espíritu, alma y cuerpo.
El espíritu es la gasolina. Es la vida. Lo que hace mover el alma.
El alma es el centro. El motor. Ahí está el problema.
El cuerpo es el chasís. Sufre las consecuencias.
Alma = corazón.
El alma o se llena del mundo o del Espíritu.
Se llena de problemas, amarguras, tristezas, o fracasos, por no alimentarla con el Amor de Dios a través de La Palabra de Dios, la oración, respondiendo a la Palabra, los sacramentos con fe en Jesús y la vida en comunidad. El alma también se llena de vacíos cuando nos dejamos guiar de cuerpo y no del Espíritu.
Por eso no amamos. Por mirar hacia el mundo.
Mirar hacia Dios. Dios es el que nos ama.
La esclavitud nos envejece. No trabajar por la comida que se acaba.
El mundo sabe a amargura.
Leer Santiago, capítulo 5. Les falta el amor a ricos ya pobres. Muchos pobres quieren ser ricos, pues nunca se sintieron amados. La felicidad del amor hace que me desprenda.
El amor por el dinero me hace acumular más y más.
Al morir, el cuerpo queda en el sepulcro. El alma sale, pero si se deseaba dinero y placeres (falsa felicidad), esa alma es eternamente desgraciada.
Hay que dejar las preocupaciones, despreocuparse sin abandonar.
Decidirnos por la verdadera felicidad.
Jeremías 17, 5 a 10.
Le damos mucha importancia a los acontecimientos. Al contar los problemas y no contar con Jesús, nos llenamos de amargura.
Dejar entrar el amor para resolver el problema con los hijos. No cantaletearlos. Abrazarlos, darles besos y bendecirlos. Lo mismo con el esposo.
Mirar y reflexionar la carta del apóstol Santiago, capítulos 3 y 4.
No enseñar a la fuerza.
Hace mucho daño la lengua.
Deben salir de mi boca bendiciones y palabras positivas. Reconocer mis pecados, juzgarme a mí mismo. Reconocer que yo tuve la culpa, porque soy pecador y no día amor. No es culpa de Dios porque Él lo hace todo bien.
No regañar, no quejarse. Reconocer que falta el amor de Dios.
El que no tiene amor tiene una viga por no entregarse a Jesús.
La gente entiende: Ley = mano dura.
No rechazar el amor de Dios.
Reconocer el error y entregarme a Jesús. Él es todo amor, Él me ama.
Cuando me siento amado puedo amar y personar.
Antes no cococíamos el amor.
Hay pecados de comisión y de omisión. Pecado de omisión es no amar. Es un pecado grave.
Creíamos que amábamos.
sábado, 26 de junio de 2010
JEREMÍAS, EL PROFETA SUFRIENTE
JEREMIAS 29, 11-13
YO SÉ LOS PLANES QUE TENGO PARA USTEDES, PLANES PARA SU BIENESTAR Y NO PARA SU MAL, A FIN DE DARLES UN FUTURO LLENO DE ESPERANZA.
YO, EL SEÑOR LO AFIRMO. ENTONCES USTEDES ME INVOCARÁN, Y VENDRÁN A MÍ EN ORACIÓN Y YO LOS ESCUCHARÉ.
ME BUSCARÁN Y ME ENCONTRARÁN PORQUE ME BUSCARÁN DE TODO CORAZÓN.
Jeremías es escogido para hablarle a un pueblo que había desobedecido.
La época en que vive Jeremías (627 al 587 a. C.) es un momento trájico para Judá: Babilonia surge como una gran potencia y poco a poco va dominando las tierras y pueblos que se encuentra a su paso. Egipto teme la amenaza Babilónica y procura utilizar a Judá como un tapón que ayude a bloquear la invasión de Babilonia sobre su territorio. Judá es un torbellino político. Y en esas circunstancias surge la voz del profeta Jeremías para hacer escuchar la voz de Yahvé.
Entre el capítulo 23 al 30, el anuncio es esperanzador: Dios visitará al pueblo en medio del dominio Babilónico para hacer cumplir su promesa: promesa de restauración, de libertad, de amor sobre su pueblo elegido. Los pensamientos de Dios sobre su pueblo son de paz y no de desgracia. Le recuerda a su pueblo que en él está la esperanza de su porvenir. El pueblo invocará a Yahvé, y Él en su infinita misericordia y amor le responderá, lo invocará y lo encontrará.
Debemos descubrir y encontrar en nuestra vida a Dios, pero no un Dios de los que creen en un Dios castigador, opresor, dictador. Es necesario tener la experiencia de Dios que es Amor, Dios que es misericordioso. De ahí que Dios hace hombres y mujeres verdaderos, que aman, que viven felices, que saben perdonar, que obran con Espíritu.
El amor de Dios rompe con la opresión y con la esclavitud. En este Amor se manifiesta la plenitud de la alianza que establece Dios con el hombre.
Otros textos: Isaías 55, 6 - 9. 2 Crónicas 15, 2- 4. Sabiduría 6, 12 -13. Deuteronomio 4, 29 - 31. Amós 5, 4 - 5.
Estamos llamados a ser libres. Quien ama es libre, quien no ama es un esclavo. Por eso debemos vivir según el Espíritu. El dolor, los problemas, las enfermedades, son consecuencias de la falta de amor. La falta de amor nos hace celosos, envidiosos, débiles, quejumbrosos, chismosos, todas esas cosas son la Babilonia que nos esclaviza y nos somete al sufrimiento.
El amor de Dios es la fuerza de la vida. El hombre es plenamente hombre cuando ama. Amar es ser invadido por el amor Trinitario, y no hay amor verdadero sin oración.
Dios te ama como Padre amoroso, de manera personal e incondicional: "No tengas miedo, te he llamado por tu nombre, eres mío, vales mucho para mí. Te aprecio y te amo. No temas, que yo estoy contigo." Isaías 43, 1 -5.
Es eterno su amor y su fidelidad dura por siempre. Y en María, tu Madre amorosa, descubres el rostro maternal de Dios.
Pregúntate ahora: ¿Qué me impide experimentar el amor de Dios?.
PCR.
Imperios externos:
El dios dinero, los reinos o naciones que invaden a otros, como los asirios, los persas, los babilonios, los romanos, los ingleses, los Estados Unidos, etc.
Imperios internos:
Los vicios, las debilidades, la lujuria, el egoísmo, la vanidad y el yo falso, la vieja naturaleza.
YO SÉ LOS PLANES QUE TENGO PARA USTEDES, PLANES PARA SU BIENESTAR Y NO PARA SU MAL, A FIN DE DARLES UN FUTURO LLENO DE ESPERANZA.
YO, EL SEÑOR LO AFIRMO. ENTONCES USTEDES ME INVOCARÁN, Y VENDRÁN A MÍ EN ORACIÓN Y YO LOS ESCUCHARÉ.
ME BUSCARÁN Y ME ENCONTRARÁN PORQUE ME BUSCARÁN DE TODO CORAZÓN.
Jeremías es escogido para hablarle a un pueblo que había desobedecido.
La época en que vive Jeremías (627 al 587 a. C.) es un momento trájico para Judá: Babilonia surge como una gran potencia y poco a poco va dominando las tierras y pueblos que se encuentra a su paso. Egipto teme la amenaza Babilónica y procura utilizar a Judá como un tapón que ayude a bloquear la invasión de Babilonia sobre su territorio. Judá es un torbellino político. Y en esas circunstancias surge la voz del profeta Jeremías para hacer escuchar la voz de Yahvé.
Entre el capítulo 23 al 30, el anuncio es esperanzador: Dios visitará al pueblo en medio del dominio Babilónico para hacer cumplir su promesa: promesa de restauración, de libertad, de amor sobre su pueblo elegido. Los pensamientos de Dios sobre su pueblo son de paz y no de desgracia. Le recuerda a su pueblo que en él está la esperanza de su porvenir. El pueblo invocará a Yahvé, y Él en su infinita misericordia y amor le responderá, lo invocará y lo encontrará.
Debemos descubrir y encontrar en nuestra vida a Dios, pero no un Dios de los que creen en un Dios castigador, opresor, dictador. Es necesario tener la experiencia de Dios que es Amor, Dios que es misericordioso. De ahí que Dios hace hombres y mujeres verdaderos, que aman, que viven felices, que saben perdonar, que obran con Espíritu.
El amor de Dios rompe con la opresión y con la esclavitud. En este Amor se manifiesta la plenitud de la alianza que establece Dios con el hombre.
Otros textos: Isaías 55, 6 - 9. 2 Crónicas 15, 2- 4. Sabiduría 6, 12 -13. Deuteronomio 4, 29 - 31. Amós 5, 4 - 5.
Estamos llamados a ser libres. Quien ama es libre, quien no ama es un esclavo. Por eso debemos vivir según el Espíritu. El dolor, los problemas, las enfermedades, son consecuencias de la falta de amor. La falta de amor nos hace celosos, envidiosos, débiles, quejumbrosos, chismosos, todas esas cosas son la Babilonia que nos esclaviza y nos somete al sufrimiento.
El amor de Dios es la fuerza de la vida. El hombre es plenamente hombre cuando ama. Amar es ser invadido por el amor Trinitario, y no hay amor verdadero sin oración.
Dios te ama como Padre amoroso, de manera personal e incondicional: "No tengas miedo, te he llamado por tu nombre, eres mío, vales mucho para mí. Te aprecio y te amo. No temas, que yo estoy contigo." Isaías 43, 1 -5.
Es eterno su amor y su fidelidad dura por siempre. Y en María, tu Madre amorosa, descubres el rostro maternal de Dios.
Pregúntate ahora: ¿Qué me impide experimentar el amor de Dios?.
PCR.
Imperios externos:
El dios dinero, los reinos o naciones que invaden a otros, como los asirios, los persas, los babilonios, los romanos, los ingleses, los Estados Unidos, etc.
Imperios internos:
Los vicios, las debilidades, la lujuria, el egoísmo, la vanidad y el yo falso, la vieja naturaleza.
miércoles, 7 de abril de 2010
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